Las elecciones son las únicas competencias en donde segundos y
terceros lugares no importan. Cierto. Pero también estas
posiciones pueden ser indicativos de lo que se puede realizar
para convertir una derrota en un triunfo.
La noche del 1 julio Puebla se fue a dormir con la idea de que el
estado se pintaba de amarillo, por la importante tendencia de
votos en favor de Andrés Manuel López Obrador. Aunque en la
madrugada las cosas cambiaron y se sumaron a la ola del retorno
priista al gobierno del país.
Sin embargo no deja de ser interesante que en el mercado de
votos la izquierda en Puebla, siempre minimizada por la mala fama
de derecha que tilda a Puebla y los poblanos, haya obtenido
jugosos dividendos.
Pero ahora bien, quién será capaz en la ciudad de Puebla de
capitalizar esos sufragios para convertirse en una opción real
ante el electorado que volverá a ir a las urnas el año próximo
para elegir presidente municipal y diputados.
López Obrador obtuvo el número de votos aquí con, sin y a pesar
de las dirigencias del PRD, PT y Movimiento Ciudadano.
A pocos días de los comicios el dirigente del PRD Miguel Ángel de
la Rosa renunció para incorporarse al gabinete estatal en una
subsecretaría abandonada de la mano de Dios. La dirigencia
colegiada del PT, estaba más preocupada con la movilización en
el interior del Estado y en su pleito por los dineros con Manuel
Bartlett. Y el dirigente no formal de Movimiento Ciudadano, José
Juan Espinosa dividía sus afectos en apoyar a su esposa que
competía por el PRI e intentar hacer como que ayudaba a
Manuel Bartlett.
Las y los candidatos de las izquierdas a diputados federales
flotaron a lo largo de la campaña. Con recursos limitados, sin
promoción, sin idea de campaña, sin estrategia, apostaron todo
el tiempo a que la ola amarilla los arrasara. Y en efecto los
arrasó, al grado que no supieron, y no saben, como defender las
urnas porque a final de cuentas las elecciones se ganan con
votos y no con intenciones-.
Los grupos en el gobierno del Estado y en el Ayuntamiento de
Puebla mostraron ya sus cartas para la competencia interna. El
PRI aún sin un padre que los dirija, se enfrenta a las batallas de
caudillos y al apostarle a que todo se recomponga, es decir a
que desde el centro del país se impongan las candidaturas. ¿Y las
izquierdas? Bien gracias.
Hacen falta liderazgos auténticos que puedan en primera
instancia recuperar esos votos que claman una alternativa
diferente al PRI y al PAN. Políticos que apuesten a ganar y no
sólo a ver qué obtienen. Que tengan experiencia. Que no usen a
los partidos como franquicias empleadoras. Que quieran ser
competitivos.
En caso contrario los esfuerzos habrán sido en vano.
Twitter: @AlbertoIMendoza